Lo siento, pero el clic derecho está desactivado.

Sahara. Esperanza en el olvido

  • Sahara

    Esperanza en el olvido

El Statu quo, 43 años después

Hace ya más de cuarenta años desde que el pueblo saharaui tuvo que exiliarse a la vecina Argelia para huir de la ocupación y represión en el Sahara Occidental. Desde entonces, casi doscientos mil refugiados habitan permanentemente la hammada argelina, donde en 1976 levantaron las primeras jaimas cerca de la ciudad de Tinduf, base militar en el sur del país. Las condiciones de vida para los que consiguieron escapar de la invasión de Marruecos y Mauritania tras la retirada de España de la antigua colonia serían, desde un principio, extremas. Los que no pudieron o quisieron abandonar el territorio sufrirían toda clase de vejaciones, incluidas la tortura y la muerte.

La situación actual de este pueblo es, ante todo, incierta. Gran parte de su población experimenta unas circunstancias de vida que se alejan de garantizar los derechos humanos fundamentales. Separados por un muro de casi 2800km se encuentra el resto, en lo que cuarenta y tres años atrás -bajo la administración franquista- fue su hogar, y ahora ni tan sólo un atisbo.

Mientras tanto, las negociaciones auspiciadas por la ONU entre el reino alauita y el frente nacional de liberación saharaui -Frente Polisario- siguen estancadas, al mismo tiempo que los recursos naturales de la zona continúan expropiados y generando beneficios para el ocupante.

ANTECEDENTES

Descolonización, un proceso fallido

Los hechos que dan lugar al conflicto que hoy día continúa activo siguen siendo, en muchas ocasiones, desconocidos. Tomado por España desde 1884 sin apenas enfrentamientos militares y aprovechando la cercana Conferencia de Berlín donde las potencias se repartirían África, el territorio del Sahara Occidental comenzó a colonizarse paulatinamente.

Sería en 1900 cuando, con el Tratado de París, Francia y España acotarían los dominios de la primera en Argelia, Mauritania y Marruecos, quedando así la zona saharaui bajo dominio de España, junto a la actual Guinea Ecuatorial, que se independizó en 1968. La entrada de nuestro país en la ONU en 1955 implicaría acatar los objetivos del Comité de Descolonización de 1961.

La responsabilidad como potencia administradora forzaría la apuesta por el referéndum de autodeterminación, pero las presiones internacionales, los intereses en la zona y la inestabilidad española provocarían que el plan fallara. El asunto se trasladó a la Corte Internacional de Justicia, que falló a favor del pueblo saharaui, pero el reino marroquí procedió a la invasión en 1975.

El Acuerdo Tripartito

El 6 de noviembre comenzaba la "Marcha Verde", llevada a cabo por el rey marroquí Hassan II, que inició la ocupación del territorio. Este hecho se formalizaría con la Declaración de Principios entre España, Marruecos y Mauritania sobre el Sáhara Occidental, conocida como Acuerdo Tripartito de Madrid, firmado el 14 de noviembre, que incumpliría las promesas de descolonización y dejaría la zona en manos de Marruecos y Mauritania.

Tras el suceso, gran parte de la población tuvo que exiliarse y construir los campamentos que hoy en día se encuentran en la provincia de Tinduf, en Argelia. El 27 de febrero de 1976 abandonaba el territorio el último funcionario español y, como respuesta, se autoproclamaba la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), representada por el Frente Polisario, movimiento de liberación nacional que actualmente lidera Brahim Gali.

El fracaso de la vía para la independencia tuvo como consecuencia una guerra de guerrillas que se extendió hasta 1991, año en que se creó la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental (MINURSO), además

de una permanencia prolongada en el desierto argelino de más de 40 años para los refugiados. Hasta hoy, la cuestión ha experimentado el fracaso de varios planes y programas de la ONU, ha generado un gasto económico estimado

en más de 50 millones de dólares al año para la Misión -sin tener en cuenta toda la ayuda humanitaria de ONGs y colectivos- y desestabilizado en varias ocasiones las relaciones comerciales entre Marruecos y la Unión Europea.

Al mismo tiempo, el asunto continúa afectando a España y produciendo tensiones políticas con la corona alauita, importante aliado africano en varias materias, como el comercio o la regulación de la inmigración fronteriza.

CAMPAMENTOS

La fragilidad de una larga espera

0

Personas

Según la Organización de las Naciones Unidas en 2018, el número de personas refugiadas alcanza cifras cada vez más altas.
0

Años

La permanencia en el desierto argelino se prolonga más de cuatro décadas, mientras la población espera sin respuesta.
0

Vulnerabilidad

De todos los habitantes refugiados, más de la mitad se encuentran en una situación vulnerable, tal y como estima ACNUR en 2018.

Según el último informe del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) publicado en marzo de 2018, el número de personas que viven en los campamentos saharauis de Argelia asciende a 173.600 habitantes, de los cuales 90.000 se encuentran en estado de vulnerabilidad. La organización divide la cifra, separando niños de adultos, donde los primeros alcanzarían el 38% del total.

Servicios como el agua corriente todavía no existen, al carecer de una red de suministro y alcantarillado, y los camiones cargados rellenan los depósitos con muy malas condiciones de almacenamiento e higiene. La electricidad, por otra parte, no llega a todos los campamentos y la alimentación continúa siendo pobre y generando grandes déficits nutricionales, siendo la salud una de las preocupaciones más urgentes.

Educación y cooperación: aprendizaje mutuo

En el ámbito educativo, es importante destacar la labor realizada por la propia comunidad saharaui, que ha logrado una de las cotas de alfabetización más altas del continente africano. En los campamentos se pueden encontrar centros que abarcan distintos niveles formativos: preescolar, primaria, secundaria, bachiller, militar y profesional.

A su vez, también existen escuelas de educación especial, talleres de enseñanza técnica -como costura, alfarería o mecánica-, centros de estudio para personas con movilidad reducida o de veteranos de guerra afectados de forma crónica.

Además, la participación en el sector de estudiantes o profesionales voluntarios ha generado una simbiosis que mejora la calidad y formación del personal nativo, al mismo tiempo que la del alumnado y los cooperantes. Desde el año 2012 se ha incluido en el sistema educativo la enseñanza superior, con la fundación de la Universidad de Tifariti, apoyada por instituciones africanas y europeas.

Una de las cualidades a las que más importancia dio el pueblo saharaui fue a la educación como medio de unificación. Unido a esto, el interés por mantener el castellano como segunda lengua, junto al árabe y el hassanía, supuso la conservación de otro de los signos de la identidad nacional frente al francés, al contrario que otras sociedades cercanas. En 1976 se iniciaba un largo camino de alfabetización con mínimos recursos.

Desde la creación de los campamentos, el bilingüismo se ha mantenido también gracias a la cooperación internacional, con la colaboración de países hispanohablantes como Cuba, además de España. La financiación extranjera de becas también permiten a los jóvenes cursar sus estudios en otros países. Es importante destacar la labor realizada por la propia comunidad, que ha logrado una de las cotas de alfabetización más altas del continente.

Durante los primeros años, la gestión de los campamentos corrió a cargo de las mujeres, al estar la mayor parte de los hombres en el frente de batalla. Por las enormes carencias y dificultades, desde un principio asumió un rol activo, desempeñando labores de educación, mantenimiento de la familia, construcción de hogares y centros, y atención a las víctimas de guerra.

Hoy en día, su participación en la sociedad se mantiene viva y crece con las distintas campañas de orientación y alfabetización, la posibilidad de acceder a becas para estudiar en el extranjero y la participación en política y vida laboral. En la actualidad, “las mujeres representan el 85% del personal administrativo, el 75% del personal de la educación y el 65% del personal de la sanidad" (Herrero, 2006).

Un futuro

La situación actual que experimenta este pueblo, pese a la solidaridad vecina y el apoyo del exterior, pasa por estar sometida a un statu quo impasible que escapa de las directrices del Derecho Internacional y no garantiza los derechos humanos.

Tanto en el Sahara Occidental ocupado como en los campamentos de refugiados de Argelia, se respira un ambiente de estancamiento que no permite la integración ni la prosperidad de la comunidad saharaui. Hace ya varias décadas que el Frente Polisario, como representante y agente de gobierno, reclama a las Naciones Unidas una supervisión más efectiva de la región, al mismo tiempo que el derecho a la autodeterminación que el TSJ reconoció en 1976 y una actuación más comprometida con los refugiados.

Aún con los avances logrados en los campamentos, en materia de derechos humanos la población sigue siendo dependiente de la cooperación internacional, que comienza a abandonar la causa por el carácter urgente de nuevos conflictos.

El Sahara Occidental sigue bajo la tutela y ocupación de un gobierno no democrático mientras que la Comunidad Europea afianza relaciones comerciales que involucran a este territorio no autónomo, donde operan un buen número de empresas, entre ellas algunas españolas. El futuro de la cuestión sigue siendo una incógnita, como cada año que transcurre, mientras que el tiempo y el silencio amenazan con disolver a este pueblo en la diáspora.

GALERÍA

Imágenes de un proyecto